El 52% de los jóvenes españoles de entre 16 y 24 años piensa que el feminismo ha sobrepasado sus objetivos y está generando discriminación hacia los hombres, tendencia que también se está observando en otros países occidentales. Así, lo aseguran desde OBS Business School, institución perteneciente a la red de educación Planeta Formación y Universidades, que publica el informe ‘La desigualdad que no se ve,’ dirigido por la profesora Marta Grañó. En él se identifican y analizan aquellas desigualdades que no siempre se perciben, generalmente no se miden y, por ello, rara vez se incorporan de forma estructural en la toma de decisiones públicas y privadas. Precisamente, esta falta de visibilidad de la desigualdad es otra de las razones estructurales que impiden avanzar. Todo ello pese a que cada vez hay más informes y más datos que intentan hacer evidente esta realidad. Especialmente a lo que en desigualdad en salud se refiere. Como ejemplos, el informe "Cerrar la brecha de salud de las mujeres: Una oportunidad de un billón de dólares para mejorar vidas y economías", publicado en 2024 por el Foro Económico Mundial (el Foro) en colaboración con el Instituto de Salud McKinsey (MHI), reveló que la brecha de salud de las mujeres se correlaciona con que las mujeres viven con mala salud un 25% más de sus vidas que los hombres. Cerrar la brecha de salud de las mujeres podría generar 75 millones de años de vida ajustados por discapacidad al año (el equivalente a agregar siete días saludables al año por mujer) y generar un billón de dólares en el PIB mundial anual para 2040.
Precisamente, esa parece ser una de las ideas que más parece empezar a comprenderse. Mientras se repite el argumento de que las mujeres tienen mejor salud porque viven más años, la investigación ahora desvela que, pese a que esto sea cierto, lo hacen con una peor calidad de vida y una autopercepción de peor salud. Esa parece ser la desigualdad que no se ve.
Así un informe de 2024 de The Lancet Public Health a nivel mundial, revelaba marcadas diferencias entre mujeres y hombres en las principales causas de carga de enfermedad. Según el informe, estas diferencias de salud entre mujeres y hombres continúan aumentando con la edad, lo que deja a las mujeres con mayores niveles de enfermedad y discapacidad a lo largo de sus vidas. Precisamente, porque tienden a vivir más que los hombres. Entre las afecciones evaluadas, el estudio sugiere que los principales factores que contribuyen a la pérdida de salud que perjudica a las mujeres a nivel mundial son:
- La lumbalgia.
- Los trastornos depresivos.
- Las cefaleas.
- Los trastornos de ansiedad.
- Otros trastornos musculoesqueléticos.
- La enfermedad de Alzheimer y otras demencias.
- El VIH/SIDA.
Estas afecciones contribuyen predominantemente a la enfermedad y la discapacidad a lo largo de la vida, en lugar de provocar una muerte prematura, aunque no todo depende exclusivamente del tipo de patología y de su incidencia por géneros. Según el trabajo ‘Gendered differences in health outcomes and healthcare access (OCDE 2025)’ y a pesar de los avances significativos del último siglo, las mujeres siguen teniendo peores resultados que los hombres en la mayoría de los resultados económicos, sociales y políticos en los países de la UE y la OCDE. Esto se relaciona directamente con que, en países de la OCDE, sólo 66% de las mujeres reporta tener buena o muy buena salud, frente a 71% de hombres. De hecho, según el trabajo, las mujeres tienden a reportar más problemas de salud crónicos como artritis o trastornos mentales, mientras los hombres presentan más condiciones vinculadas a mortalidad prematura.
Desarrollando esta idea, el informe señala que las mujeres y las niñas enfrentan tasas más altas de mala salud física y mental autodeclarada, riesgos específicos de género relacionados con el embarazo y el parto, tasas más bajas de participación en actividad física y deporte y peores experiencias de atención médica (por ejemplo, necesidades de atención médica no satisfechas, diagnóstico erróneo o infradiagnóstico).
Volviendo a la reciente publicación de OBS Business School, hay una cuestión clave: la Medicina moderna se ha construido históricamente sobre un supuesto implícito: el cuerpo masculino como referencia universal. Este sesgo ha permeado el diseño de los ensayos clínicos, la formulación de hipótesis biomédicas y la interpretación de resultados durante décadas. Según se cita en el documento, las fases tempranas de los ensayos clínicos (fase I y II), cruciales para determinar dosis, seguridad y efectos adversos, continúan reclutando mayoritariamente a hombres. En muchos ámbitos terapéuticos, menos del 30 por ciento de las personas participantes son mujeres y, aunque su proporción ha aumentado en áreas como oncología o enfermedades autoinmunes, persisten déficits relevantes en cardiología, neurología y farmacología clínica.
Esta falta de representación tiene consecuencias clínicas tangibles: diagnósticos tardíos, tratamientos menos eficaces y mayor carga de efectos adversos. Por eso, en los últimos años, se ha consolidado un consenso científico en torno a la necesidad de incorporar el sexo como variable biológica en todas las fases de la investigación biomédica. Por todo ello, parece que la desigualdad en salud es una cuestión multifactorial, que sin duda necesita ser vista y ser reconocida, para ser abordada.
MÁS INFORMACIÓN:
La desigualdad que no se ve: Informe de Brecha de Género 2026
https://marketing.onlinebschool.es/Prensa/Informes/InformeOBS-La%20brecha%20de%20g%C3%A9nero%202026.pdf
Global study reveals stark differences between females and males in major causes of disease burden, underscoring the need for gender-responsive approaches to health
https://www.healthdata.org/news-events/newsroom/news-releases/lancet-public-health-global-study-reveals-stark-differences